Última actualización: 18 Abril 2021
Contraste: Alto Normal
+A A -A

respuestainternacionalLa preocupación internacional por el problema de la introducción de las especies exóticas a través del agua de lastre, se ha traducido en disposiciones y mandatos de diversos foros mundiales y regionales, para actuar a nivel internacional y proporcionar acciones definitivas que permitan prevenir, reducir y controlar esta otra forma de contaminación al medio marino, de manera que se puedan combatir los problemas de salud pública, ambiéntales y económicos causados por especies acuáticas invasoras. La mayor parte de estas disposiciones apuntan a las naves comerciales como camino primario para las invasiones y la llamada para que las naves emprendan el intercambio del agua del lastre (BWE) o un tratamiento equivalente (BWT) para reducir la probabilidad de la transferencia de organismos indeseados (Cangelosi & Mays, 2003).

En ese sentido, se debe resaltar la Convención de las Naciones sobre el Derecho del Mar de 1982 (CONVEMAR). De acuerdo con este régimen internacional de los océanos, los países que han ratificado dicha Convención, están obligados a prevenir, reducir y controlar la introducción de especies exóticas en el medio marino por sus potenciales efectos perjudiciales.

En 1989 el Protocolo para la Conservación y Ordenación de las Zonas Marinas y Costeras Protegidas del Pacífico Sudeste y el Convenio para la Protección y Desarrollo del Medio Marino de las Regiones del Gran Caribe, de 1990, establecen medidas para prevenir, reducir y controlar la contaminación de las áreas protegidas: así como prevenir, reducir y controlar, en el mayor grado posible: 1) La contaminación causada por buques y 2) La introducción de especies de flora y fauna exóticas, incluyendo transplantes, de manera que se asegure el cumplimiento efectivo de las reglas y estándares internacionales establecidos por la organización internacional competente.

Asimismo, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (1992) en el Programa 21, capitulo 17, concerniente a la protección del medio marino, establece que los Estados actuando individualmente, bilateralmente, regionalmente o multilateralmente y dentro de un marco de organizaciones pertinentes, deberá evaluar la necesidad de adoptar medidas adicionales contra la degradación del medio marino, incluyendo la necesidad de adoptar normas sobre la descarga de aguas de lastre de los buques.

En el mismo año, el Convenio de Diversidad Biológica incorpora el artículo 8(h), con lo cual los Estados partes de dicho Convenio están obligados a adoptar medidas para controlar la introducción de especies foráneas. En aplicación a este artículo, en la VI reunión de las Partes Contratantes se adoptó la Resolución VI/23 “Especies Exóticas que dañan Ecosistemas, Hábitat o Especies”, que contiene compromisos y disposiciones amplias para enfrentar el problema de la introducción de especies exóticas y se pide a los gobiernos que tomen medidas urgentes para aplicar las directrices, entre ellas su difusión al sector naviero, con el propósito de reducir los riesgos de la introducción de los organismos y patógenos acuáticos.

En la Cumbre mundial sobre desarrollo Sostenible de Johannesburgo en 2002, se contempla una serie de medidas prácticas para fortalecer la implementación del programa 21. El Plan de implementación recomienda adoptar acciones en todos los niveles para acelerar el desarrollo de medidas para el control de especies exóticas invasoras de las aguas de lastre de los buques.

Todas estas normativas coinciden en la necesidad de cooperar para prevenir la introducción de especies marinas invasoras a nuevos ecosistemas, transportadas en el agua de lastre de los buques y la necesidad de establecer mecanismos para mitigar el problema común a los países. Para ello la Organización Marítima Internacional OMI, empezó a generar las directrices para el manejo de las aguas y sedimentos transportados por los buques de tráfico internacional. En concreto, la resolución A.868 (20), aprobada el 27 de noviembre de 1997. De igual forma, el 13 de Febrero de 2004, la OMI promovió el Convenio Internacional para el Control y Gestión del Agua de Lastre y Sedimentos de los Buques que exige a los Estados Contratantes implementar un Plan de Gestión de Agua de Lastre y Sedimentos aprobado por la Administración Marítima de los Gobiernos, con el cual se pretende prevenir los efectos potencialmente devastadores originados por la propagación de dichos organismos acuáticos dañinos a través del agua de lastre y sedimentos de los buques.

Este nuevo Convenio contiene disposiciones técnicas como el plan de manejo de las aguas de lastre, el libro de registros del manejo de las aguas de lastre, el manejo del los sedimentos de los buques, inspección y requerimientos de certificación para el manejo de las aguas de lastre, entre otros. Este marco de cooperación global constituye la iniciativa más grande en el desarrollo de la investigación y desarrollo (I&D) para establecer sistemas y tecnologías para el tratamiento de aguas lastre.

De igual forma, es oportuno por cuanto que propende por fomentar y facilitar la investigación científica y técnica sobre la gestión del agua de lastre mediante la observación, la medición, el muestreo, la evaluación y el análisis de la eficacia y las repercusiones negativas debidas a los organismos y agentes patógenos. Este instrumento también señala parámetros, que podrán constituirse en alertas tempranas para determinar si un buque representa un riesgo para el medio ambiente, la salud de los seres humanos, los bienes o los recursos, prohibiendo a dicho buque que descargue agua de lastre hasta que se elimine el riesgo.

Bajo ese marco, la lógica de la acción colectiva para enfrentar la amenaza global que se cierne sobre los ecosistemas marinos, debe conducir a suministrar condiciones favorables para la cooperación, en el sentido que los regímenes “establecen patrones de responsabilidad legal, proporcionan información simétrica y gestiona los costes de la negociación”, posibilitando la aparición de “acuerdos específicos” (Keohane, 1984). De acuerdo con lo anterior, Ramírez (2008), cita que uno de instrumentos más importantes aplicados a la bioseguridad marina para proteger el medio ambiente de la transferencia no intencional de especies invasoras marinas, en este caso la convención de aguas de lastre, hace necesario lograr los propósitos de esta. Para esto, es obligatorio plantear una interpretación racional acerca del comportamiento de los actores en la construcción del régimen, mediante la combinación de los indicadores de vulnerabilidad ambiental (alta y baja), con los costes de reducción de la contaminación (altos y bajos) que proponen Sprinz y Vaahtoranta (1994) en su explicación de la política internacional del medio ambiente basada en intereses. Aplicando este modelo, se intenta dar una aproximación acerca de la posible actuación de los Estados a escala global y de las relaciones de poder establecidas entre ellos, así como poder identificar sus intereses en la construcción del régimen internacional del agua de lastre (Ramírez, 2008).

Clic aquí para ver las guías de Aguas de lastre A868(20)-OMI ver capitulos11

Convención Internacional para el control de aguas y sedimentos de lastre 2004-OMI ver capitulos11

 

AD. Mary Luz Cañón Páez
Área de Protección del Medio Marino
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.